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Viernes, 24 de agosto de 2007

Se miró en el espejo. Una arruga más había hecho su aparición de la noche a la mañana. Torció el gesto y se la estiró un poco con el dedo.
Un famoso modisto había dicho: “la arruga es bella”; pero, ya se sabe que la moda es inconstante, un modisto puede decir cualquier cosa y desdecirse la siguiente temporada.
No, su arruga iba a ser definitiva, estaría allí, una más, para recordarle el paso inexorable del tiempo; ya estaba allí, indeleble, provocativa, pareciendo decir “Aquí estoy yo ¿y qué? ¿qué vas a hacer? Soy parte de ti, de tus vivencias, acostúmbrate a mí antes de que vengan otras hermanas a acompañarme y todas juntas poblemos tu cara. Yo soy ésa a la que tu alegría y tu risa dio vida. Aún vendrán otras no tan simpáticas como yo; esas creadas por los sinsabores, la pena; la del ceño fruncido, la triste, la de las noches en vela; la de los celos, la del desamor. Pero alégrate porque ellas y yo estaremos para recordarte que estás viva, que todos esos lances que experimentaste están ya superados. No intentes deshacerte de nosotras porque sería como borrarte tu esencia, tus recuerdos; llévanos como muestra de que no has permanecido indiferente a todo lo que la vida te ha dado; lloraste de dolor y de felicidad. No reniegues de nosotras: somos tú y tus circunstancias.”
Se hizo hacia atrás, distanciándose un poco del espejo, sonrió y se dijo “¿Por qué no?”
Y se acarició la arruga.
Idella
Por: Idella Esteve | Hablando en prosa | Comentarios (0) | Referencias (0)