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Domingo, 26 de agosto de 2007

Ella era tan hacendosa
que todo lo remendaba, y cosía y recosía
y de tanto recoser, se escapó un punto a su boca.
Era mansedumbre suma;
en su afán de ser perfecta no levantaba la cara
por el miedo de ofender, y no vio, pues, las alturas.
Quedó en su mundo bajito,
casi no se la advertía, tan queda, tan sometida
que más que habitar la tierra habitaba en el abismo.
Se fue a la tumba contenta;
como los chorros del oro ya se la había dejado
y hasta la había adornado con cortinas de franela.
(26-8-07)
EN SILENCIO (versión prosa)
Tan hacendosa era ella que todo lo remendaba, y cosía y recosía; y de tanto recoser, un punto se dio en la boca.
Era mansedumbre suma.
En su afán de ser perfecta no levantaba la cara por el miedo de ofender, y no vio, pues, las alturas, se ocultó en la depresión.
Casi no se la advertía, tan queda, tan sojuzgada que más que habitar la tierra se escondía en el abismo.
Se fue a la tumba contenta, que en su paso por el mundo dejó su labor cumplida.
Como los chorros del oro ya se la había dejado en horas dominicales, después de misa de siete; y hasta la había adornado con cortinas de franela.
Idella
Por: Idella Esteve | Mis poemas | Comentarios (1) | Referencias (0)