Domingo, 11 de noviembre de 2007
(En respuesta a un contrapunto)
Si mis manos nunca fueron piedra
lo fueron una vez de barro duro,
mas bien endurecido
a fuego
y templado a la par con agua fría.
En un fútil intento de esperanza
se tornaron más suaves,
quisieron ser rebrote de promesas,
halagüeño horizonte.
El brote murió helado
sin lugar para injerto reviviente
y se quedó marrón
con bordes secos,
sin alentar, sin savia,
prendido de una rama por un débil suspiro.
Se desprendió con el soplar del viento.
Idella
(11-11-07)
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