Lunes, 14 de enero de 2008
La lluvia tiene un dejo triste en su discurso y habla con palabras lánguidas que se escurren hacia adentro y repiquetean en el alma hasta que ésta se cubre de musgo; parece, incluso, que la transitan caracoles. Mi alma está llena de caracoles.
A veces llueve tanto, tanto, que se encharcan los pulmones y es difícil respirar; entonces hay que toser el agua sobrante.
Y aún no ha terminado una lluvia y parece que empieza otra.
Voy a la caza de nubes para encerrarlas en jaulas, pero me sonríen con cara ladina y siempre encuentran un resquicio por donde escaparse y empezar de nuevo vertiendo, insolentes, toda su descarga. Las nubes no tienen piedad --yo nunca quise andar entre nubes.
Por eso no es raro hallar en su entorno mariposas negras de nylon impermeable, persistentes, acompañando ese rumor en el cerebro, horrible rumor de lluvia y aleteos.
He querido acabar con todo encendiendo una hoguera, pero el nylon inflamado se ha adherido a las nubes provocándoles enormes agujeros y, en castigo, he sido amenazada con un diluvio. Ya caen sobre mí Niágaras e Iguazúes.
Idella
(1-1-08)
Por: Idella Esteve | Hablando en prosa | Comentarios (0) | Referencias (0)