Domingo, 03 de febrero de 2008

Ay, ciprés, triste ciprés,
tu sombra alargada ves
comparada a la del pino
y oyes el alegre trino
de los pájaros cantores.
Melodiosos ruiseñores
cantan a tu alrededor
iluminando el verdor
de esa tu larga figura
que alguien convirtió en negrura
asociada con la muerte.
No estés triste con tu suerte
que no es ningún vituperio
ser árbol de cementerio.
Eres sobrio y elegante,
y diría que, arrogante,
te alzas por tocar el cielo
quizás huyendo del duelo
que acostumbras en tu ambiente:
misas de cuerpo presente,
lloros, penas, soledad,
materia en cautividad
debajo de frías losas,
y encima de ellas las cosas
que no hacen ni mal ni bien:
unas flores y un amén
por seguirse la costumbre
y olvidar la podredumbre
a que estamos sentenciados
sin importar los pecados,
las acciones más injustas,
o todas las causas justas
desempeñadas en vida.
Solo la muerte es salida
de este extraño laberinto.
No sé si habrá algo distinto
esperando, un más allá,
y que la jacarandá
sea el árbol de esa esfera;
pero cuando yo me muera
quiero quedarme a los pies
de un orgulloso ciprés.
Idella
(2-2-08)
Por: Idella Esteve | Mis poemas | Comentarios (0) | Referencias (0)