Lunes, 08 de diciembre de 2008

Puto café caliente que cayó derramado por mi impulso sin fuerza, mientras gotas de sal lo iban enfriando. Tendré que evitar leer en la sobremesa las cosas que me conmueven el alma.
Yo leía a la Oscura de espíritu claro, la que leo en momentos difíciles y cuando busco un desahogo. Y copiaba sus versos, despacio, intentando esa antigua caligrafía que tanto me gustaba y que se ha ido deteriorando, como otras tantas cosas en mí.
Mi mano, casi sin vida, a veces tiene vida propia y quiso solidarizarse con mi corazón, o el de ella, y mi mano lloró; tan desconsoladamente lo hizo que parecía un pecho sobresaltado y dando sacudidas por el sollozo. La taza tuvo el atrevimiento de ponerse en su camino: peor para ella.
Mientras tanto, el humo del cigarro disfrazaba y ponía una convincente excusa a unos ojos enrojecidos que iban, sin el equilibrio de Gaia, a Varanasi.
Idella
Por: Idella Esteve | Hablando en prosa | Comentarios (0) | Referencias (0)