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Jueves, 04 de junio de 2009
Los domingos, de mañana,
acompañaba a mi abuelo
a almorzar bajo un ciruelo:
sardinas y una manzana.
Corría por la solana
descalza por los bancales,
cogía de los maizales
las mazorcas para asar
¡Qué bonito era mirar
el rojo en los cerezales!
Pero mi abuelo se ha ido,
ya no tengo el cerezal
y, para agravar mi mal,
hace tiempo que he crecido.
Parece un simple descuido,
no hay domingo, no hay mañana,
se convirtió en ciudadana
la niña que al campo amó,
del que sólo disfrutó
una vez a la semana.
Idella
Por: Idella Esteve | Décimas y soleares | Comentarios (0) | Referencias (0)